Me escabullí de la cama, con mucho cuidado, procurando no despertar a Antoine. Me vestí y salí del cuarto, encontrándome con Cedric que salía, de lo que asumí que era la cocina.
—¡Anely! —él me miró con los ojos muy abiertos—. ¿Tienes hambre? —hizo un ademán, enseñándome el bol lleno de cereal que tenía entre sus manos—. Podría servirte un poco.
Aunque asentí con la cabeza, negué con mi voz.
—No. Necesito ir a…
—¿Te vas? —Cedric frunció el ceño—. A Antoine no le hará mucha gracia despertar y no