Más tarde esa noche, tras la inesperada reconciliación con el padre de Seo-jun, él y Jasiri decidieron que merecían un respiro. Las emociones habían estado a flor de piel, y ambos sintieron la necesidad de celebrar de manera íntima. No buscaban lujos, sólo un momento tranquilo para los dos.
Llegaron a un pequeño restaurante tradicional coreano, modesto pero lleno de encanto. Las paredes estaban adornadas con pinturas sencillas, y el aroma del caldo hirviendo, el kimchi y el arroz recién hecho i