El estudio parecía un santuario, una burbuja de calma en medio de la agitada ciudad que nunca dormía. Los cristales insonorizados no sólo aislaban el ruido del mundo exterior, sino que creaban un espacio donde las emociones podían fluir sin temor a interrupciones. Jasiri entró con pasos lento, aunque seguros, acariciando el borde de su libreta con los dedos. Cada paso que dio resonó con la promesa de algo mágico.
El sol poniente tiñó las paredes con un cálido resplandor dorado que hizo brillar s