Seo-jun se levantó de la mesa. Sus movimientos, rápidos y cargados de tensión, revelaron la lucha interna que libraba. No tenía ánimos de lidiar con su padre. Si hubiese podido, habría dado media vuelta y se habría marchado sin mirar atrás. Pero Yuna no merecía semejante desaire. No era su culpa estar atrapada en ese juego de apariencias, en esa farsa que construyeron en torno a ellos.
Respiró hondo y decidió ir a buscarla para evitarle más humillaciones. Mientras atravesaba la multitud, saluda