Yuna salió de aquel cuarto apresurada, con el corazón palpitando dolorosamente en su pecho. Con cada paso sintió que se desmoronaba un poco más. Las lágrimas ardieron en sus ojos, pero se obligó a no dejarlas caer. No, no allí. El orgullo la mantuvo en pie, luchando por no quebrarse, mientras sus pies la llevaron lejos, casi sin rumbo, buscando cualquier salida de aquel lugar. No podía volver a la cena, no podía enfrentarse a ellos después de lo que vio y escuchó. Sólo quiso escapar... desapare