Alejandro entró cargando a Valentina entre los brazos, con los nervios tensos y la mandíbula apretada. La camilla apareció de inmediato, empujada por una enfermera que lo miró con la urgencia de quien ya entiende que hay vidas en juego.
—Tiene seis meses de embarazo —dijo Alejandro con la voz ronca, casi sin aire—. Está sangrando, mucho.
Valentina gemía, doblada sobre sí misma, las manos apretando su vientre como si intentara sujetar el hilo invisible que la unía a su hijo. La trasladaron a tod