Cada objeto que tocaba le traía una memoria, aunque fueran pocos. No hizo ruido. Dobló con cuidado una blusa clara, un pañuelo de seda, un par de zapatos que aún conservaban el leve olor a su perfume. Los colocó en la caja sin orden, como si el gesto mismo bastara para retener algo de ella. Dudó antes de guardar unos pequeños aretes que Alejandro le habpia obsequiado, los últimos que su madre había usado, y cerró la caja con cuidado. En la etiqueta, escribió con letra temblorosa: “Mamá”.
Cada mo