꧁ ISABEL ꧂
Me desperté sobresaltada y me quedé tendida un rato, mirando el techo como si las grietas pudieran sostener mis pensamientos. Era de noche; la oscuridad tenía un peso distinto, más denso, como si toda la casa hubiera puesto una mano sobre el silencio. Al principio estuve embotada, con la cabeza hecha una gelatina perezosa, esa sensación pegajosa que deja un sueño mal interrumpido. Me quedé allí, inmóvil, dejando que el latido lento del cansancio me marcara el tiempo.
Pero la mente no