La sala lateral había quedado suspendida en una calma densa, como un reloj al que alguien le hubiera quitado las manecillas; las velas parpadeaban con lentitud y el aroma de los lirios y las hortensias se pegaba a las ropas y a las memorias. Isabel había permanecido sentada junto al féretro como si la madera fuera la única tabla que aún la sujetaba al mundo: se había levantado en ocasiones, se había acercado a mirar el rostro inerte de su madre, había vuelto a sentarse y había dejado que las lá