Cuando por fin el auto se detiene frente a la casa de Antoine, Emily lanza una rápida mirada a la edificación, pero enseguida clava la mirada sobre el tablero del vehículo.
—¿Vamos? —indaga Antoine, abriendo la puerta.
—Yo no pienso entrar allí —masculla Emily.
Él resopla con frustración, y cierra la puerta que acaba de abrir, de un portazo. Emily da un respingo.
—¿Se puede saber porque no quieres entrar? —Antoine está a un milímetro de perder la paciencia.
—Sé a la perfección qué es lo que est