La lluvia había decidido no ser generosa esa mañana: apenas un rumor de gotas que pintaba la ciudad en vidrios sucios y dejó un olor a tierra mojada colgado en el aire. Valentina eligió el lugar con la precisión de alguien que sabe que los escenarios importan: un café escondido en un cruce de calles donde las miradas se pierden con facilidad, mesas separadas por macetas altas y la música apenas lo bastante baja como para que una conversación comprometida suene sólo para quien la comparte.
Carmen