La semana había pasado como un vaso de agua que resbala entre los dedos: rápida, fría y dejando la marca húmeda de lo que no se pudo retener. En la mansión, entre llamadas con accionistas y presentaciones con posibles inversores, Alejandro había sido un hombre con la mirada pegada al calendario: reuniones a primera hora, correos, cafés tomados de pie en la sala de juntas, el traje perfecto, el gesto del CEO que no puede permitirse demasiadas fisuras. Sergio había sido su sombra productiva —revi