—¿Quién es este hombre?
La hostilidad, contenida y filosa, quedó suspendida entre las columnas y el olor a cera reciente. Isabel dio un paso al frente, interponiéndose con una naturalidad estudiada. El abrigo le rozó las piernas; el gesto fue pequeño, pero firme, como un escudo.
—Hugo —dijo, y su voz aterrizó suave, sin temblor—. Él es mi esposo, Alejandro.
El título —“mi esposo”— sorprendió a Alejandro por lo limpio con que lo pronunció. Isabel giró hacia él con una cortesía luminosa, casi tea