#32:
Tres matones jugaban a las cartas dentro del taller de reparaciones abandonado en lo que el resto montaba guardia afuera. Caminando de un lado para otro.

Aiko entornó los ojos, intentando descifrar a qué pandilla pertenecían esos hombres.

La tenían atada de pies a manos a una silla y amordazada.Intentaba respirar profundamente por la boca, porque si lo hacía sucumbiría al pánico.

Habían pasado veinte y cuatro horas desde que la habían secuestrado, y sin embargo aún no contactaban con Hiros
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