Muy pocas veces en su vida le tembló la mano al lider de la Yakuza a la hora de disparar contra un enemigo, pero cuando llegó a aquel taller abandonado y vio a su hermano, oculto tras la máscara del demonio rojo sosteniendo un puñal , casi a punto de clavarlo en el vientre de su esposa, Hiroshi Yamamoto conoció el verdadero terror.
Quería a su hermano, eso era cierto.
Sus padres los habían criado para ser líder y ejecutor, solo vivían y respiraban para engrandecer a la Yakuza, cada uno a su ma