Precisamente cuando acabábamos de maquinar todo el plan para seducir al menor de los gemelos, un duro golpe resonó en la puerta, haciéndonos dar un sobresalto, asustadas por lo que pudiera ser.
Danielle abrió los ojos de par en par, y yo la tomé de la mano, intentando calmar sus nervios. Le estaba pidiendo demasiado; tratar con los gemelos era realmente un desafío enorme. La comprendía a la perfección si no quería acceder a nuestro plan. Era entendible.
—Tranquila, no va a pasar nada —le dije m