Roxanne Meyers
Un par de lágrimas se escaparon de mis mejillas, las únicas testigos silentes de la mezcla de sentimientos aterradores que se agitaban en mi interior. Tragué entero y miré a mi pequeña hija. Era la misma estampa de Salvatore, solo que en una versión diminuta.
Mientras acariciaba la mano de Salvatore, sentí unos ojos clavados sobre mí. Levanté la mirada con prudencia y me di cuenta de que Kane me observaba en silencio, como sentenciándome, como si fuera culpable de la situación de