Pero, a medida que avanzaba por el pasadizo, unas luces se encendían iluminándome el sendero, exactamente como cuando escapábamos de las antiguas mansiones. Pero no, no podía hacerle eso a Danielle. No podía dejarla a merced de ese par de animales, y aunque la vida de Salvatore era todavía más importante, no podía ser esa perra traidora que la dejaba allí a su suerte mientras me salvaba sola, incluso cuando ella accedió a venir conmigo desde Rockford.
Ya había avanzado unos tres metros, y el ca