Salvatore Gianluca
Abrí los ojos lentamente, sintiendo los párpados pesados, el pecho oprimido. Respirar se había convertido en un abismo constante; no tenía fuerzas para intentarlo. Estaba agotado.
Al reconocer el lugar donde me encontraba, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Miré mis brazos: estaban conectados a cables.
—¿Qué putas...? ¿Qué me pasó? —era lo único que podía preguntarme, con la mente aún nublada.
Una enfermera, con una tabla en la mano, escribía algo mientras revisaba el monitor