Roxanne Meyers
Era nuestro último día en aquel paraíso. Apenas la tenue luz del amanecer acarició mis ojos, sentí como si la realidad me golpeara de lleno. Me giré en la cama, buscando a Salvatore, pero como siempre, ya no estaba.
Me incorporé lentamente y observé a mi alrededor. El desorden de las sábanas era el único testigo de las noches que habíamos compartido. Dormía desnuda, porque la pasión entre nosotros había desbordado cualquier necesidad de vestirnos. Me envolví en una bata y salí en