El juego de la confianza.
Por otro lado, Lara se mordía el labio inferior mientras sus ojos se desplazaban de un lado a otro, con la mente llena de preocupación debido a la ausencia de Mauro, lo cual la tenía en vilo. Y más, porque recordaba su tonta propuesta.
«Ojalá que no haya ido con Damián», rogaba al cielo.
En un gesto impulsivo tomó el vaso de ron que tenía frente a ella.
«No quiero morir, y si sigo bebiendo, el cáncer me matará más rápido», pensó aterrada. Cerró los ojos con fuerza y apretó los puños a cada lado