Desesperaciones y paranoias.
Al día siguiente, la tarde caía suavemente sobre la plaza central. El sol descendía en el horizonte, bañando todo en un resplandor dorado, y el ambiente se llenaba del murmullo de las conversaciones y del gorjeo de las aves que regresaban a sus nidos al caer el día. Karen y Aylin se encontraban sentadas en una mesa al aire libre de un pequeño café, cada una con una copa de daiquiri blues en la mano. El líquido azul eléctrico brillaba con la luz del atardecer, y el vaso se encontraba cubierto po