NARRA BERENICE
—Con cuidado —rodé los ojos—. ¡Oh vamos Emerson! Estoy embarazada, no inválida.
—Dilo otra vez —sus ojos brillantes hicieron que casi llore, casi.
Una suave sonrisa apareció en mis labios. Era la ternura hecha hombre—. Estoy embarazada.
—Te amo —dijo besándome una vez más.
¿Cómo era posible que, en menos de veinticuatro horas, mi vida hubiera cambiado tanto? Esta mañana —o bueno, el día de ayer—, amanecía cumpliendo años y ahora… estaba comprometida y embarazada. ¡Menuda man