NARRA BERENICE
Dos semanas después…
—Extiende este brazo Dante –indiqué señalando el bracito derecho, terminando de colocarle la camisa a mi pequeño.
—¿Eto onde va? – me preguntó mostrándome el pequeño moño mientras terminaba de abotonar su prenda.
—Aquí –señalé tomándolo en mis manos y colocándoselo en el cuello de la camisa–. Estás hermoso –dije mirándolo con una sonrisa.
Mi pequeño niño estaba envuelto en un hermoso traje de gala, de color gris oscuro y una camisa blanca con su pequeño