NARRA BERENICE
Pensar que esas dos palabras podrían haber hecho feliz mucho antes a Emerson. Ahora que di ese paso, me sentía feliz por mí misma. El saber que el también me amaba, me hacía sentir eufórica, poderosa pero por sobre todo, feliz… por poder corresponderle con la misma o mayor intensidad.
—Mamita, papi jamás nos abandonadá ¿Vedad? —preguntó un adormilado Dante.
—No cariño, el jamás se irá de nuestro lado —respondí acariciándole su frentecita.
—Me gustó el cuento que me leíste. Bu