NARRA BERENICE
Mi cabeza no se dejaba de preguntar una y otra vez qué era lo bueno que había hecho en esta vida, para que un maravilloso hombre como Emerson se fijara en mí.
Me removí solo un poco de mi posición, ya que la iluminación del sol me daba de lleno en los ojos. Al mirar en donde estaba, las imágenes de la noche de ayer se vinieron a mí como un tornado. Me sonrojé hasta el dedo pequeño del pie, cubrí mi desnudez con la sábana y acomodé mi rostro para poder mirar a mi acompañante. Tení