NARRA BERENICE
—¡Uff! —Pasé mi mano por mi frente—. No me imaginé que fuese tan agotador —agregué, terminando de preparar las mesas—. Tú no hagas fuerza —ordené a mi hermana, señalándola con el dedo índice.
—No seas exagerada, Berenice —dijo poniendo los vasos que faltaban.
—¿Ya van a venid, mami? —preguntó Dante, estaba impaciente desde que se levantó.
—Si cielo ya no falta mucho —acaricié sus cabellos—. Ve a ayudar al tío Ernest, pásale los globos —indiqué al ver como mi cuñado luchaba con el