NARRA BERENICE
—Cariño, despierta —traté de despertar a mi dormido hijo, por decimocuarta vez.
—¿Tarea difícil? —preguntó una profunda voz a mis espaldas.
Cuando me di vuelta, un despreocupado Emerson venia hacia mi lado.
—Despertar a Dante es una tarea casi imposible, tiene el sueño muy pesado —respondí con una sonrisa—. ¿Te sientes mejor?
—Muchísimo mejor, gracias otra vez —respondió—. ¿Me puedes dar las llaves del auto? Ya es hora que regrese a mi casa —colocó sus manos en los bolsillos de s