|Capítulo: Una mala hermana|
Las pesadillas no me dejaban en paz. Cerraba los ojos y volvían: la oscuridad del calabozo, el chirrido constante de las uñas contra el cemento, el roce frío de sus cuerpos peludos subiendo por mis piernas. En el sueño no eran solo ratas. Eran más grandes, con ojos rojos que brillaban en la nada, dientes afilados como cuchillos. Se metían por debajo de mi ropa, trepaban hasta mi vientre. Sentía sus patitas presionando contra la piel, arañando, buscando. Y entonces u