|Capítulo: Vencida|
La oscuridad era absoluta, como si me hubieran enterrado viva. No había ni un resquicio de luz, solo el negro espeso que se pegaba a la piel. Al principio intenté mantenerme quieta, pegada a la pared fría, respirando por la boca para no oler el hedor a humedad y mierda vieja. Pero las ratas no esperaban.
Primero fue una. La sentí rozar mi tobillo, un roce rápido y asqueroso. Me quedé helada. Luego otra subió por el zapato, arañando la tela. Grité y pateé con fuerza. La tiré