|Capítulo: La noche que no termina|
Las tres de la madrugada y la casa ya no parecía la misma.
El salón, que horas antes había sido un refugio cálido y tranquilo, ahora se sentía como una cárcel pequeña y agotadora.
Izan llevaba despierto desde la una y media. Dos horas y media de pura guerra. Y desde hacía casi una hora, el llanto era constante, fuerte, desesperado. No era un quejido normal de sueño. Era ese llanto agudo, entrecortado, que te taladra el cerebro y te hace dudar de todas tus dec