|Capítulo: Confesión|
CAMILA
Cuando Diego llegó a las nueve de la mañana, no le abrí la puerta, había rodeado todo el lugar, hasta llegar a una de las ventanas. Era muy escandaloso, ni siquiera avisó que vendría, llegaba de la nada y esperaba a que estoy estuviera en la puerta, lista para abrirle y darle la bienvenida, como si fuera su casa.
Escuchaba su voz.
Si no quería dejarlo entrar a mi casa, ¿por qué demonios insistía?
—¡Camila!
¡Maldito!
Intenté ignorarlo hasta que Izan y yo hicimos todo