Analisse
Me quedé mirando a Dimitri. Sonreía, y qué sonrisa… era tan hermosa, tan radiante y tranquilizadora, que por un momento olvidé todo lo demás. Terminé de comerme los camarones en silencio, limpié mis manos con la servilleta, y luego tomé un sorbo del frozen de fresa que tenía delante.
—¿Te gustó? —preguntó.
—Gracias la verdad, te lo agradezco. Tenía demasiada hambre —admití con una pequeña sonrisa.
—Te ves demacrada — comentó con un tono suave, casi preocupado.
—¿Usted me ve, de esa man