Respiré hondo, me limpié las lágrimas. Abrí la puerta con cuidado, esperando no encontrar a Emilio al otro lado, sentí un pequeño alivio al ver el pasillo vacío, sola avancé un par de pasos cuando escuché la voz de mi madre.
—¿Samantha? —me giré de inmediato para encontrarme con su mirada, frunció le ceño apenas me vio —¿Qué haces en la casa a esta hora? ¿No deberías estar en la empresa?
Sentí un vacío en el estómago, mi madre se acercó despacio a mí.
—Si debería —respondí, sin pensarlo, me