MILA
Entro a la mansión y me dirijo inmediatamente a la sala, tomada de la mano con Maximiliano. Al entrar, mis ojos buscan ansiosamente a mis seres queridos, y lo primero que veo es a mi hija en brazos de su abuelo. La ternura con que él la sostiene me hace sonreír, y mi corazón se llena de amor al verla sana y salva.
Luego, mi mirada se dirige a mi pequeño Kuzman, que juega alegremente con su abuela. La risa de mi hijo me llega al alma y me hace sentir una mezcla de alegría y nostalgia. Los e