MILA
Sus labios devoran mi cuello, despertando el deseo que siempre surge cuando estamos solos. La habitación se llena de un silencio expectante, como si el aire mismo estuviera cargado de electricidad. No podemos resistirnos, porque lo único que quiere es poseerme por completo, y yo se lo permito con gusto. Su pasión es un látigo de fuego que enciende una llama en mi interior, desencadenando una fuente de deseo que me consume. Me siento viva, como si mi cuerpo estuviera hecho de pura energía y