Cuando entré saludé a Nerea y las demás, pero mi mente no dejaba de pensar en el. En lo que le pasaría. No quería dejarlo solo pero tampoco podía arriesgar al bebé. Tenía un dolor inexplicable en el estómago que no supe bien por qué. Tantas preocupaciones me causaban estrés.
—Cariño, estás bien —Rita me abrazó—Jamás pensé que Andrés fuera capaz de hacer todo esto. Creí conocerlo pero veo que no fue así. Lo siento tanto, llora si quieres.
No me pude contener más y lloré en los brazos de Rita,