Amanda se recostó en la camilla del médico mientras éste realizaba la ecografía. Luke estaba a su lado, sosteniendo su mano con fuerza. Ambos observaban la pantalla en silencio, sus corazones latiendo con nerviosismo. La máquina emitió un sonido constante, y pronto apareció la figura del bebé en movimiento. Amanda soltó un suspiro al escuchar las palabras del doctor.
—Todo está perfecto —dijo el médico con una sonrisa profesional—. El bebé está creciendo muy bien, y no hay nada de qué preocupar