—Tranquila —me dice, sacándose el cinturón—esto no aguantará mucho en el aire, buscaré algo aquí para ver si podremos sobrevivir en el océano. Lo bueno es que la avioneta puede flotar un rato ya en el agua.
—Un rato —repetí, eso no me daba mucho ánimo—¿y después, Luke? ¿Que haremos después? No quiero morir ahogada.
—No estamos muy lejos de tierra. ¿Sabes nadar?
—Si pero jamás aguantare todo el trayecto que hemos recorrido —le digo. Luke se pasa a la parte de atrás y yo lo sigo. Había dejado