**ELENA**
El intercomunicador de la pared chirrió. La voz de Damián llenó la cabina, pero no era la voz del hombre que me había besado en la cabaña. Era puro mercurio, gélido y letal.
—Suéltala, Lorenzo. No te lo volveré a pedir.
—¿Y qué vas a hacer, muchacho? —Lorenzo soltó una risotada ronca—. ¿Disparar a través de la puerta? ¿Hundir tu preciado juguete con nosotros dentro? Tengo el dedo en el gatillo. Un espasmo y la hija del hombre que tanto odias se convertirá en un recuerdo.
—Ella no me i