**ELENA**
La luz intermitente del letrero de neón del motel pintaba la habitación de un rojo violento cada pocos segundos. El ambiente olía a humedad, a desinfectante barato y a la sangre de Damián. Lo obligué a sentarse en la única silla de madera, cuya estructura crujió bajo su peso imponente. Verlo así, con la camisa abierta y el hombro desgarrado, me provocaba una náusea que luchaba por controlar. No era asco por la herida, era el terror de darme cuenta de que el hombre que controlaba mi mu