**DAMIAN**
Arranqué el auricular de las manos de Elena con una parsimonia violenta que cortó su fragmento de frase en el aire, arrojándola contra el respaldo del sofá de terciopelo. Mis zancadas felinas me habían llevado al centro de su suite antes de que pudiera colgar la llamada prohibida. El aroma a sándalo de mi sastre oscuro invadió el espacio, cargado con la urgencia sádica de un Alfa que descubre un intruso en su frecuencia privada.
—¡Escúchame bien, escoria de la frontera! —bramé contra