**DAMIAN**
El juez se retiró tras una tercera seña de Rocco, dejando el despacho envuelto en una atmósfera asfixiante de alta tensión. Elena permanecía inmóvil junto a la mesa de caoba, con el rostro manchado por las lágrimas de frustración que su orgullo le había prohibido derramar frente al magistrado. El anillo de platino brillaba en su mano izquierda, una marca de propiedad que mis celos destructivos exigían desde la noche de la frontera.
“Eres mía ante la ley del puerto y ante la ley de l