La cena de Enzo se sirvió en su habitación, y Francesca también se preocupó por enviar una bandeja a Gianna con la mujer de servicio.
—¿Siempre tienes buen apetito? —Enzo preguntó masticando mientras Gianna se limpiaba con una servilleta.
—Desde que comenzó este embarazo… es como si nada me saciara…
Entonces él sonrió.
—Me agrada verte comer así… es satisfactorio.
—Siempre dices eso… —Enzo terminó de comer, y luego miró el reloj.
—Ya quiero que todos se duerman, y que vengas aquí… conmigo… —en