Mundo de ficçãoIniciar sessãoPadre Kenai me observó sin inmutarse, guardando silencio con esa paciencia desquiciante que siempre tenía. Toda mi vida había estado ahí para mí, escuchando mis quejas y mis disgustos, aguantando mis rechazos, mis faltas de respeto, mi desprecio por ser el príncipe consorte de quien creía que era mi madre, y, sobre todo, porque sabía que no era su hijo biológico. Sin embargo, se mantenía a mi lado, representando el papel de







