Mundo ficciónIniciar sesiónSOL:
Corro desesperada por todo el palacio en busca de mi abuelo. Lo encuentro reunido en el salón del trono. Al verme, se acerca a mí y me abraza feliz. Al instante se da cuenta de que estoy llorando.
—Abuelo, tienes que ayudarme —le pido sollozando. —Claro, mi nieta, ¿en qué? —dice con calma mientras no me suelta. —No puedo apagarme —le explico—. Mamá está enferma y necesita de mi sangre. —Muy bien, deja de llorar. Te enseñaré —dice enseguida—. Acompáñame a ver a tu madre. Nadie me dijo que estaba enferma. Caminamos rápido, regresando a la habitación de mi madre, que está muy demacrada e intenta ponerse de pie al verlo. —Majestad… —Arivay, hija, ¿por qué no me avisaste? —pregunta el ab






