176. EL MUNDO DE LOS HUMANOS
SOL:
La idea me llenó de miedo. Había venido con un propósito claro y no podía quedarme de brazos cruzados. Además, el abuelo había dicho que si él moría, yo también. Di un paso más hacia ellos, sintiendo cómo sus energías retumbaban al percibir mi poder.
—Sí, murió. Ahora ven, preciosura. Deja que te posea y podrás vivir conmigo —dijo uno más atrevido.
Lo miré y, sin más, le lancé una fuerte llamarada, desintegrándolo. Todos los demonios que se habían agrupado a mi alrededor se lanzaron a atraparme, pero soy más rápida, y de un salto, entro en la hoguera crepitante que los amenaza a todos y regreso a mi reino, a la habitación de mi madre. Me siento triste a su lado. ¿Y ahora? ¿Qué pasará conmigo? ¿Cómo es que estoy viva si mi esposo murió?
—Sol —me llama mamá—. ¿Qué pasó con el príncipe? ¿Dónde está? ¿Y por qué aún no te apagas?
—Murió, mamá. Mi verdadero esposo murió —digo, explicando lo que había averiguado.
—Eso no puede ser verdad, Sol. No estarías viva —insiste mamá, re