167. EL PROBLEMA DE SOL
Mamá y yo nos abrazamos con fuerza. Luego le pedí a Azariel con cariño que me dejara hablar a solas con ella, y él me lo concedió. Tomadas de las manos, nos sentamos frente a la chimenea que permanecía apagada.
—¿Qué pasó con el fuego? —le pregunté.
—Tu padre ha mandado apagar todas las chimeneas y cerró el salón del trono donde está el fuego eterno —me dijo enseguida—. Nadie tiene permitido encender fuego.
—¿Y esa locura? ¿No somos el reino del fuego? —pregunté desconcertada.
Miré alrededo