168. LA SENTENCIA DE LUCIFER
SOL:
Se hizo un silencio hasta escuchar a uno de los brujos decir que, al parecer, el demonio devorador de almas que aún tengo dentro está desprendiendo mi alma de mi cuerpo para apoderarse de mí.
—¿Y qué se puede hacer? —preguntó papá, preocupado—. ¿No puedo dejar que ese demonio se apodere de ella y de sus enormes poderes?
—Podemos hacer dos cosas —dijo el brujo—. Una, meterla en la hoguera del fuego eterno y purificador; ella es un alma pura de fuego y la limpiará por completo.
—No, no puedo permitir eso; se hará una con él —se negó mi padre—. Es su elegida. ¿Cuál es la otra opción?
—Buscar a su verdadero esposo y que la libere de ese demonio; solo él es capaz de hacerlo —respondió el otro brujo.
—¡Azariel es su verdadero esposo! —gritó papá a voz en cuello.
—Me temo que no lo es, majestad —aseguró el primer brujo—. Venga y mírelo usted mismo.
Mientras hablaba, se introdujeron en mi habitación de nuevo. En mi frente había aparecido el signo inequívoco del príncipe de las tini