129. LA REENCARNACIÓN
ÁRNYÉK:
Papá suspiró con dureza. Aquel movimiento agresivo de su pecho dejó escapar el peso de siglos de secretos y rivalidades intrincadas que nunca había compartido conmigo. Me miró por un instante y luego dirigió su mirada hacia Sol, tan luminosos y llenos de amor que, por un segundo, pareció dudar. Lo conocía lo suficiente como para entender que lo que estaba a punto de revelar podría cambiarlo todo.
—No sé cuál de ellos es —contestó papá—. Pero solo un Dios pudo soltar a los demonios Amen